¿A cuáles médicos estamos defendiendo?

Marcel Ávila Reese

Si defendemos a nuestros médicos porque son el pilar de la salud en el país, también esperamos reciprocidad de ellos. Las personas internadas en algunos hospitales públicos sufren en “carne propia” no solo el dolor de la enfermedad que les aqueja, también la desidia, el trato hasta inhumano, cuando llegan a emergencias.
Pero esa humillante displicencia que dan a los malogrados pacientes no queda en la camilla, si tienen la oportunidad que los internen el trato no cambia en absoluto. La torpeza en el traslado de los enfermos, las actitudes de frialdad de varias enfermeras y médicos de turno, se observan en la poca atención que les brindan si es que no están a punto de fallecer… inclusive si fuese así, ¡ojalá eso los sensibilice!
En las salas de observación desaparecen medicamentos que mandan a comprar, porque el hospital no tiene; prendas de vestir que han sido quitadas a las personas enfermas para auscultarlas ya no están, aunque no en todos los casos, pero sí hay reclamos al respecto.
Por si fuera poco, hay equivocaciones en la administración de algunos medicamentos, por parte de algún personal a cargo del cuidado de los internos(as) en los turnos correspondientes. Fui testigo directo hace poco de la ingesta de un medicamento de uso externo para la sarna, por parte de un enfermo con insuficiencia renal, cardiaca, deshidratado y con infección de próstata, administrado por la enfermera de turno, quien sin leer ni percatarse de cuál medicamento eligió inmediatamente le dio a beber al paciente. Su inmediato superior ante el reclamo de los familiares solo dijo “si tomaba todo el frasco hubiese sido peligroso”, ¿qué tal? , pero ni una llamada de atención a la enfermera.
Un día antes, la persona llegó de emergencia al hospital y tuvo colocado en su brazo derecho un suero que había sido dejado junto a su torso por varias horas, al punto que se infiltró. Pero solo el ojo acucioso de sus familiares advirtieron tal cosa y pidieron a la enfermera coloque el suero en la posición adecuada y revise el mecanismo, además del brazo del enfermo.
También presencié cómo uno de los familiares tuvo que hacer de camillero para trasladar al anciano hasta rayos X, suspenderlo con una frazada para ponerlo sobre el aparato, ante la mirada indolente de una sola enfermera que no atinaba a nada.
Me imagino que hay formas para sostener y mover a los enfermos según la gravedad en la que se encuentran, para evitar más daños a su organismo; pero sin ser médico creo que ni eso se tiene en cuenta cuando los trasladan, mientras los sufrientes sienten incrementarse su dolor y hasta gritan.
Eso no es todo, el médico de turno un día antes quiso dejar al enfermo a su suerte; dijo a sus familiares que el anciano estaba bien y no requería internación, asumió que debían llevárselo. Pero tras la insistencia, molestia y hasta reclamo de uno de los familiares aceptó dejarlo en observación.
Resultó que luego de peregrinar para que le hagan los respectivos exámenes al anciano, pedir insistentemente que los tengan oportunamente, resultó que padecía de graves anomalías, tuvieron que internarlo amparado en la Ley que protege la salud de los mayores de 60 años.