Bolivia y Perú

(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

Así sea por una red social, que el presidente Evo Morales haya manifestado públicamente su preocupación por la presunta apropiación de la danza de caporales por parte del Perú marca un hito en la defensa del patrimonio cultural boliviano ya que es la primera vez que un jefe de Estado se pronuncia sobre un tema de esa naturaleza.
Y es que, en contrapartida del pensamiento de muchas personas, hablar de los orígenes de comidas, bebidas, música, bailes, vestimenta o cualquier otra manifestación cultural no son nimiedades. Perú mismo sostiene una larga disputa con Chile por el origen del pisco que ya ha llegado a los tribunales, tanto nacionales como internacionales.
En la mayoría de las disputas, el argumento más utilizado es el origen común de las manifestaciones culturales ya que buena parte de Bolivia, Chile y Perú, junto a fracciones de Argentina, Colombia y Ecuador, formaron parte del Tawantinsuyo que la mayoría conoce como “imperio inca”. Sobre esa base, bolivianos y peruanos nos consideramos hermanos y herederos de una misma cultura. Sobre esa base, a Perú no le parece inadecuado apropiarse de manifestaciones culturales que, más allá del pasado común, surgieron en territorio que hoy es boliviano.
Lo que pasa es que, para el común de la gente, antes de la colonia española solo hubo un periodo, el del imperio incaico, y, con esa visión estrecha, se desconoce los siglos, hasta milenios, de historia previa a la de los incas.
Lo que nadie dice es que el Tawantinsuyo fue una civilización más bien tardía pues su expansión arranca en el año 1438 del calendario gregoriano, tras la derrota y conquista de los chancas por parte de Pachacuti Inca Yupanqui. De entonces a 1532, cuando comienza la conquista española, transcurre menos de un siglo que es el que corresponde al periodo conocido como “imperio”.
Hasta antes de 1438, el Cuzco era solo un curacazgo y las naciones o culturas que existían en el resto del área andina se desarrollaban aparte, con la libertad de la que gozaban. En el territorio que hoy es Bolivia existían más de 80 etnias de las que las más conocidas eran kollas, guaraníes, guarayos, arawaks, urus y charkas.
Tras la conquista de los chancas, el curacazgo del Cuzco se extendió mediante conquistas militares. Pueblos que estaban en territorios que hoy son de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador fueron sometidos por la fuerza y se les impuso forma de gobierno, costumbres e idioma, el quechua. Así, basándose en esa verdad histórica, resulta que el quechua no es precisamente un idioma originario de los pueblos hoy bolivianos sino impuesto por el conquistador inca.
Los pueblos que ofrecieron resistencia a la expansión de los incas fueron incendiados y desaparecidos, como ocurrió con Nasavakollo, tierra de los Chichas que fue conquistada, y destruida, por dos de los hijos de Pachakuti, Amaru Tupaj Inca y PawkarUsnu.
Por tanto, antes de la existencia del Tawantinsuyo hubo culturas libres, que después fueron conquistadas, sometidas y sojuzgadas por los incas, y en esas surgieron manifestaciones que hoy se reclama como propias.
No se trata, entonces, de nimiedades ni asuntos de cocina, como se dijo en la controversia por el origen de la salteña. Cuando se habla del origen de manifestaciones culturales, se habla de la historia misma de los pueblos, de su desarrollo, del proceso que transcurrió para llegar a ser lo que son, de parte de su vida misma.
No son asuntos de escasa importanciani son nimiedades. Y por eso se justifica que el presidente de Bolivia se haya pronunciado al respecto.

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