CAMBIO CLIMÁTICO O TUMBA DEL MODELO DE ACUMULACIÓN

Max Murillo Mendoza

Dos siglos y medio del modelo de acumulación capitalista, que sólo destruye el medio ambiente en función de la riqueza, pues para crecer económicamente y tener riqueza al infinito se tiene que destruir la naturaleza y el medio ambiente. Tener autos, casas, lujo y destello alimenta la insaciable ceguera del modelo, y su insostenible acumulación al infinito que ya sabemos, científicamente, paradójicamente es la destrucción humana también, con esa actitud la destrucción del planeta y de toda forma de vida en ella está asegurada. Algo de esta tragedia se iba a frenar con la firma de los acuerdos de París en 2015, donde por fin la mayoría de los países del planeta consensuaron en frenar esta locura capitalista, para no pasar de los dos grados en la emisión de contaminantes en el planeta. Estados Unidos reconoció su culpa de ser uno de los mayores contaminantes del mundo. Firmó aquel acuerdo de París. Y su actual presidente, un ignorante escocés comerciante, desoye el grito mundial, desoye la desaparición de varios países pequeños que están alrededor de los mares, desoye la desaparición acelerada de especies por todo el planeta. En fin, desoye como siempre lo hicieron la angustia mundial.
Cierto que la brutalidad e ignorancia del presidente norteamericano, es menos hipócrita y no juega a la diplomacia del engaño como los Clinton o los Obama; que es la virtud por antonomasia más desarrollada del mundo político gringo. Sin embargo, los análisis mundiales encubren la actitud del presidente gringo como si fuera una actitud nacionalista, y pues no es una actitud nacionalista sino mezquina, típicamente capitalista, pirata, es decir de robo y saqueo, que no les interesa en nada las demás realidades del mundo, porque sus justificaciones imperiales son las mismas: los demás son perdedores o fracasados. Es el conjuro típico de los poderes a lo largo de la historia moderna: unos han tenido suerte en el modelo; otros hay tenido mala suerte. Los que han tenido suerte, oh que casualidad, son los países colonialistas e imperiales después. Es decir los que tienen la llave del progreso y el desarrollo, los secretos y las mañas para crecer a costa de los demás.
Las respuestas de otros gobiernos, ante el dictador de Washington, de países gringos han sido por demás también hipócritas: son ahora los supuestos salvadores del mundo. Y en realidad nada harán por salvar al mundo sino salvaguardar sus propios bolsillos, porque son especialistas en el engaño y en el espectáculo circense de la política mundial. Un día rezan con el Papa y al otro bombardean países y venden armas por montones, etc. La realpolitik o el fin justifica los medios: son las lecciones de la política moderna gringa. En definitiva, lamentablemente la naturaleza y el medio ambiente seguirán sufriendo la arremetida del modelo, porque la ceguera mundial es contagiosa: todos quieren acumular y acumular hasta el infinito. El consumo humano es la tragedia mental más grave, de lo que se llama historia moderna. Sin esa enfermedad mental no existe modelo, no existiría capitalismo.
Los países periféricos sufrirán con tragedias las consecuencias, ya sufren las consecuencias de ese modelo. Los países como China o India, simplemente aumentarán la tragedia porque no quieren ser periféricos y han ingresado hace tiempo a la competencia del modelo: destruir y destruir competitivamente el medio ambiente. Así se cierra el círculo vicioso de la modernidad, haciendo de su historia como una de las épocas más oscuras y crueles de la historia humana; pero defendida por sus sacerdotes escribanos como las mejores épocas. Los espejitos brillan más por supuesto que el hambre, la miseria de miles de millones, las guerras injustas, el desprecio a los migrantes, la corrupción generalizada, la violencia cotidiana por todo el mundo haciendo de las ciudades más inseguras y peligrosas.
El modelo de acumulación a pesar de su moda y contagio mental, ya no es el referente de la felicidad humana sino todo lo contrario. Las sociedades consumistas son también las más destructivas. La acumulación es éticamente insultante; aunque el silencio de los poderes encubre a esta enfermedad mental. El cambio climático ha desnudado al modelo, la evidencia es absoluta; la ceguera humana todavía es lenta y no despierta de su pesadilla pero cuando lo haga que no sea tarde. Las generaciones actuales no tienen mayores ideales, sino la de buscar a como de lugar un sitio en las catacumbas del consumo. El modelo es insostenible pero que importa: el suicidio colectivo es la mejor forma de consagrarse ante los dioses del consumo y el despilfarro humano.
La frivolidad y estupidez del presidente norteamericano es directamente proporcional al modelo de desarrollo de su país. Ese es el rostro y reflejo de lo que son. Nada podemos esperar de esas culturas y costumbres, contaminadas por la ceguera consumista y de destrucción, disimulada por la diplomacia de alto nivel hipócrita de sus gobiernos. Las respuestas por ahora pequeñas e insignificantes, tienen sentido y mucho cuando presenciamos la locura del monstruo depredador y destructivo del modelo. Paciencia, demasiada paciencia. Paciencia activa y militante.

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