Corazones de acero

Marcel Ávila Reese

Un estudio realizado por Aldeas Infantiles SOS el año 2016, evidencia que uno de cada diez niños en el mundo (220 millones estimativamente) se desarrollan sin tener una familia o están en riesgo de perderla.
Son cerca de dos mil millones de menores en el planeta crecen desprotegidos y sin afecto necesario para sus vidas. Los datos son alarmantes, por eso en el Día Internacional de los Derechos del Niño, hoy 20 de noviembre, Aldeas Infantiles SOS lanza la campaña internacional: Ningún niño nace para crecer solo “para alertar sobre este tema y promover que se destinen todos los esfuerzos necesarios para asegurar el derecho de los niños a vivir en familia”.

Según información proporcionada por Unicef, con base en el Censo Nacional de Población y Vivienda 2012, el 36% de la población boliviana son niñas, niños y adolescentes.

Sin un hogar consolidado ni padres que se hagan cargo de los niños y niñas, estos quedan a disposición del “mundo” con todo su peligro rondándolos. Por ejemplo, en Bolivia solo cuatro de cada diez niños (hombres y mujeres) logran “superar los obstáculos durante sus primeros 17 años de vida”. Situación que refleja el estado de abandono o casi abandono del resto.

Los principales peligros son la trata y tráfico, el trabajo a muy temprana edad aunque reconocido y avalado por sus progenitores, estos no reparan sin embargo en las condiciones que deben soportar los infantes durante las horas de trabajo diario.

Un niño o niña que debe trabajar para sustentarse no logra desarrollar completamente sus capacidades volitivas y afectivas suficientemente ni en el grado que debería, para cimentar una base de crecimiento humano sano y competitivo.

En Tarija son al menos 53 mil niños (23% de la población infantil de Bolivia) que a causa de la pobreza están en riesgo de perder el cuidado familiar. Las causas no solo caen dentro este parámetro, sino también provienen de la violencia que se ejerce contra de ellos en varios órdenes (sexual, psicológico, físico, laboral).
La realidad es lacerante y siempre decimos: “ellos son el mañana, el futuro”, pero en verdad hoy son lo que mañana seguirán siendo, al menos habrán algunos que puedan superarse y sobrellevar las duras condiciones de vida en que viven, pero aun así queda mucho por hacer a favor de los infantes y un gran trayecto para contrarrestar en gran medida las amenazas que los rodean diariamente, en Bolivia y el mundo.