¿De cuáles derechos humanos hablamos?

Marcel Ávila Reese

Continúan las agresiones a periodistas, hace poco fue contra Sergio Gandarillas (radio Splendid) y Moisés Cornejo (reportero de la Red Uno). Estos hechos dan cuenta de una tendencia, que cada vez se asienta más en nuestro país por parte de efectivos del orden.
La Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia ANP pidió al comandante nacional de la Policía esclarecer estos hechos, que vulneran el Artículo 106 de la Constitución Política del Estado. Pero al parecer esta manera de actuar con exceso de autoridad y hasta “brutalidad” en algunos casos, siempre queda al margen de los pedidos de los periodistas, a través de sus instituciones, y de las propias personas vulneradas a quienes les han vulnerado sus derechos.
Lo anterior demuestra que hay un orden establecido al cual poco o nada se le respeta, mientras se dan algunas explicaciones nada convincentes sobre el porqué de este proceder tan agresivo contra de ciudadanos que solo cumplen su labor de informativistas.
Lo cierto es que cuando se trata de temas muy sensibles para un sector de la población, se trata siempre de hace parecer que nada sucede o que quienes reclaman son los inconformes, marginales, despistados, mal informados o politizados, como se pretende habitualmente mostrar.
Pero también es una realidad que lacera, indigna y deja un vacío más que legal; se trata, diríamos, de la ilegitimidad con que se hacen las cosas cuando se quiere impedir a los periodistas, que informen, muestren, reflejen, descubran las “cosas que hay tras bambalinas”.
Los derechos humanos no pueden tratárselos con cierta discrecionalidad, bien para unos y mal para otros (cuando no se los toma en cuenta). Al parecer cuando se trata de evadir una responsabilidad social, los gobernantes no reparan en tomar medidas extremas para frenar el disgusto, el reclamo de quienes son los afectados por una política que les ocasiona problemas en su modus vivendi.
Las libertades no tendrían que conculcarse o tratárselas como si fuesen contrarias a los deberes del gobierno, pues, este se debe al pueblo, de donde proceden los periodistas. Pero son tratados como extranjeros que estuviesen tratando de vulnerar la soberanía nacional o la independencia del poder político de su propio Estado.
Habría que revisar muy bien de dónde proceden las agresiones en primer orden, y no solo físicas o verbales, sino del tipo civil como están sucediendo con bolivianos a quienes otros bolivianos les infringen en sus libertades y derechos.