El Acuerdo Patriótico en Bolivia y el gobierno Macron en Francia

Jaime Paz Zamora

Impactados como quedamos todos por el triunfo electoral de Emmanuel Macron, nadie se acordó, ni aquí ni en Francia, de relacionarla con el accionar del presidente saliente Francois Hollande, a pesar de que parecieran ser componentes de una misma estrategia de poder. Si no, cómo se entiende que un joven y exitoso banquero del progresismo francés, sin ninguna experiencia política anterior, aparezca en el Palacio del Eliseo, invitado por el Presidente a manejar el área económica y, luego de dos años de hacerlo, se retire inspirando un movimiento político alternativo para lanzarse a la candidatura presidencial y gane.

Si eso fuere así, como a mí me parece que es, ambos presidentes, el saliente y el entrante, deberían ser condecorados con la Legión de Honor por haber salvado a su país de una crisis aguda de gobernabilidad y a Europa de la amenaza del integrismo nacional populista de Le Pen a través de una operación estratégica impecable.

Lo notable es que esta misma visión se proyecta luego en la conformación del gobierno y en el criterio de selección del gabinete ministerial. Macron puede hacer lo que por múltiples razones le estaba vedado a Hollande: generar credibilidad interior y exterior, garantizar gobernabilidad en la gestión pública y gobernanza en el sistema en su conjunto. Convocar para ello a un equipo transversal por encima de la diversidad ideológica y las disputas del pasado, representativo del abanico político francés desde la derecha democrática al centro, desde la izquierda socialista al radicalismo, desde el movimiento ecologista a las múltiples manifestaciones de la sociedad civil.

Y aquí viene en esta historia algo que parece increíble pero que no tiene por qué serlo. Resulta que mientras Emmanuel Macron terminaba su bachillerato perdidamente enamorado de su profesora de lenguaje y francés Brigitte Trogneux, con la que mucho después se casaría, y hoy es la primera dama de Francia, en el otro lado del planeta, un país llamado Bolivia llevaba adelante su difícil y dolorosa transición a la democracia, y en la que en 1989 debe instalarse el tercer gobierno del proceso democrático boliviano en un contexto político y económico casi similar, por los desafíos a encarar “mutatis mutandis”, a los de la Francia del 2017.

Gobierno encabezado por la izquierda y el progresismo en una Guerra Fría con el muro de Berlín a punto de caer, el neoliberalismo de Thacher-Reagan liderizando el sistema económico y financiero internacional, el socialismo occidental en retirada con el rabo entre las piernas y en el país, el golpismo civil-militar boliviano no acababa de irse (Arce y García Mesa estaban prófugos) y la institucionalidad democrática no terminaba de llegar.

Macron nombra entonces Primer Ministro a Edouard Philippe de la derecha republicana moderna y en Economía a Bruno Le Maire de la misma tendencia, Francois Bayrou líder del centro republicano en Justicia, y a su compañera de formación Silvie Goulard en Defensa. Los socialistas Gerad Collombe, Richard Ferrand y Jean Ives LeDrian en Interior, Cohesión Territorial y Relaciones Exteriores, respectivamente. En Salud y en Educación representantes de la sociedad civil. En Deportes una campeona olímpica y en Agricultura y Alimentación Jacques Mizardi, conocido militante radical de la izquierda.

De igual manera, en la Bolivia de 1989 el gobierno del Acuerdo Patriótico, casi contra el tiempo, tiene que dar señales rápidas y creíbles de viabilidad democrática a sectores y poderes diversos y encontrados de dentro y fuera del país. Conforma entonces un gobierno transversal con la izquierda del Partido Comunista Marxista Leninista, el centro izquierda Socialdemócrata del MIR, el centrismo nacional de Condepa, el centro derecha del Partido Demócrata Cristiano, la derecha centro de Acción Democrática Nacionalista ADN y la participación de destacadas personalidades provenientes de la sociedad civil, la intelectualidad y los organismos internacionales.

En Bolivia este modelo de transversalidad entre la sociedad civil y los partidos políticos funcionó generando un gobierno viable que logra sus objetivos. Esperamos que en la Francia de Macron ocurra lo mismo.

Jaime Paz Zamora fue presidente de Bolivia.

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