“El esfuerzo tiene su recompensa y se llama Mundial de Fútbol”

Alberto H. Chávez Rodríguez
Reg.- No.- 016 C.P.D.B.- Bolivia
Reg. No.- 036 C.P.D.T.- Tarija

Cuando uno de propone algo y de buena fe los deseos se cumplen y en cualquier disciplina deportiva solo depende que le pongas ganas, sacrificio y mucho esfuerzo pero teniendo en cuenta que a la competición que asistirás o al reto que te propusieron lo hagas caballerosamente y sin tener que ser altanero, farsante o querer mostrar superioridad sin respetar a tu rival, tiene que haber “humildad” algo que algunos no tienen y se creen que pueden ganar a como dé lugar.
El esfuerzo en cualquier disciplina deportiva es importante porque como en el fútbol dicen así como entrenas juegas el domingo y es algo cierto porque como así te preparas con responsabilidad y esfuerzo las cosas te saldrán bien mientras aquellos que se preparan por querer sobrepasar su propia personalidad fracasarán y no será lo que realmente quieren mostrar en la disciplina que practiquen y compitan.
En las Eliminatorias Rusia 2018 se pudo ver el esfuerzo de algunas selecciones por llegar a cumplir el objetivo trazado en un principio y que después con el pasar del tiempo y los partidos disputados no se llegaban a concertar y se tuvo que esperar la última fecha de esta eliminatorias para conocer a los clasificados a excepción de la selección de Brasil que fue la primera en clasificar a esta cita mundial.
Si la gente supiera de política tanto como de fútbol, sería invencible es una frase que en estos tiempos (futbolísticos) vuelve a circular. Allí se evidencia la división entre el entusiasmo de los creyentes y la sospecha de los agnósticos; entre la esperanza de los hinchas y la acusación de alienación, una estrategia de poder para controlar a la gente cuya finalidad era la distracción de los acontecimientos fundamentales. Fue esa miopía académica la que pasó por alto que en el deporte no solo se juegan las reglas de una disciplina, allí se reconstruyen las formas de vida de una sociedad. ¿Puede influir el comportamiento de una sociedad en la estrategia táctica con la que juega una selección nacional? En principio, esta propuesta resultaría inviable debido al planteamiento diferenciado que cada entrenador propone. Sin embargo, luego de varias décadas con resultados semejantes resulta tentador someterlo a examen.
¿Existe relación entre el juego de cintura, el regate y el arrebato con la identidad brasileña? ¿Acaso el viejo fútbol “a la italiana” representa una filosofía de juego y de vida?, el arte de la flexibilidad, y por otro lado el arte de la astucia racional. Por eso se pregunta si dicha flexibilidad es una metáfora de la elasticidad con la que los brasileños afrontan la vida y la racionalidad de los italianos la metáfora del acercamiento defensivo, para poder así responder y contraatacar. En otras palabras, una oposición entre el pragmatismo brasileño y la racionalidad, una oposición entre el fútbol escrito en verso o en prosa. Así la prosa de los italianos se distinguía por la triangulación, la sintaxis, el juego colectivo, organizado, fruto de la ejecución de un plan y cuyo gol era el resultado de una estrategia racional. Sin embargo, el fútbol escrito en verso, el de la poesía, es aquel que tiene el regate descomunal, imposible de predecir, fruto de la inspiración individual, en espera del descuido, de la genialidad de cualquiera de los jugadores, y cuyo gol puede darse desde cualquier lugar y por cualquier persona.
Pensemos que el momento (futbolístico) actual es fruto de la circunstancia y no de un plan trazado; en vez de un equipo sólido, se adhieren “nuevos” valores cuya habilidad del regate, de la inspiración, del descuido son sus cualidades para vencer. Y, finalmente, su valoración es adquirida no por sus cualidades intrínsecas sino porque se salvan de situaciones difíciles haciéndolo con una dosis de picardía y fortuna. Al alabar dichas cualidades, ¿no se estaría alabando un saber corporal en vez de una astucia racional? ¿No se estaría alabando la improvisación, el corto plazo, en vez del proyecto o el planeamiento?
Tal vez estas Eliminatorias hayan sido interpretadas como apariciones, genialidades o simplemente momentos de fortuna en un juego que se gana por individualidades y no la colectividad. ¿No será que en vez de ser un equipo son once individuos que se esforzaron por “salir adelante”? ¿No será que cada uno de ellos representa cómo nos hemos unido como tejido social? Uno al costado del otro con una misma mira pero sin un mismo proyecto. Se dice que el entrenador logró cambiar la mentalidad de los jugadores. Aunque complejo, esperanzador. Esperemos que dicho cambio sea el paso del verso a la prosa, a fin de no tener que preguntarnos: ¿y ahora qué hacemos? Que sirva de algo para el futuro trabajo de nuestra selección que desde el 94 no vamos a un Mundial y las generaciones que pasaron se quedaron solo en el intento sin un plan bien elaborado porque de la dirigencia no quiero ni hablar.