Guerra silenciosa

Humberto Vacaflor Ganam

Los masistas están enfrentados en una guerra que para el resto de los bolivianos es silenciosa y misteriosa: la guerra por el poder político.
Los masistas están definiendo quién estará en el control de su partido, o quizá del país, o sólo del Chapare, en los próximos diez o veinte años.
Los bolivianos miran todo esto con cierta indiferencia. Nadie les ha dicho que las peleas en el Banco Unión, Entel, Emapa, BTV, Bulo Bulo, San Buenaventura, son peleas internas dentro del MAS.
Los tiros, en forma de cañonazos o de torpedos, van de un lado a otro y sólo dejan bajas sin nombre, o casi sin nombre, porque son funcionarios de poca monta, son nutridos.
Quienes manejan las cañoneras o los torpederos no se muestran. Actúan detrás de las cortinas. Son los comandantes.
Cuando esta batalla acabe se sabrá quién será el candidato a la vicepresidencia junto a Evo Morales, si es que éste cocalero llegara a ser candidato a pesar del maldito referéndum.
La pelea es por saber quién será el candidato a la vicepresidencia o, en último caso, quién será el candidato que suceda, que reemplace a Morales, si es que éste no pudiera, de veras, volver a ser candidato.
La pelea se complica cuando se recuerda que quizá Morales no pueda ser candidato,, porque así lo ordena la CPE y el malhadado referéndum de 21 de febrero 2016.
Hasta ahora, en esta guerra han caído algunas cabezas. Todas de la tropa. Los comandantes siguen tranquilos, calculando.
Dice “Siglo 21” que esta guerra entre masistas del Banco Unión contra los de Emapa y estos contra los de Entel, y así sucesivamente, hasta acabar con las empresas estatales, no sólo en el alfabeto, sino de veras, hasta que hayan dejado de respirar. O, en último caso, hasta que el MAS entregue el alma, quiero decir que se muera, tuviera o no tuviera alma.
Ahora, claro, hay que preguntarse si, en medio de esta guerra, el MAS querrá, de veras, llamar a elecciones en 2019, sabiendo, como sabe, que el electorado estará decidido a mandar a este partido al cementerio, como hizo con otros, muchos otros, en la historia.
Ahí la cosa se complica. Si no se llamará a elecciones, ¿para qué tanto barullo?
De eso tendrán que hablar los bolivianos, cuando haya llegado el momento.

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