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Las actividades comerciales en Tarija son para sobrevivir diariamente

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Marcel Ávila Reese

Lo cierto es que hay una merma considerable en el gasto público de los tarijeños, es presumible que las consecuencias de tal disminución económica en el corto plazo reducirá el acceso a los servicios de salud, la educación media y superior como también repercutirá en los niveles de alimentación.
El comercio mayormente minorista, aquél que vemos semanalmente aparecer en distintas zonas de la ciudad, paga alquileres, factura, está inscrito en patentes de la alcaldía y tributa anualmente, pero no tiene respaldo suficiente de las financieras para que crezcan sustentablemente: los préstamos tienen muchos requisitos y al ser pagado en años el capital más los intereses incrementan en más del 100% el monto total.
Para quienes han proliferado en las calles, con servicios de comida rápida, venta de pequeños volúmenes de mercadería de toda índole, la situación es de sobrevivencia, van de un sitio a otro y la mayoría no paga impuestos, no factura pero tampoco puede desarrollarse suficientemente.
Ni unos ni otros minoristas pueden remontar como quisieran, pero algunos mayoristas crecen mensualmente en zonas populosas y de gran actividad comercial. Rara vez facturan o hay que pedirles insistentemente que lo hagan cuando se compra de aquellos, como contraparte incrementan el precio final de la venta justificando que sin factura es otro el costo, ¡qué tal!, cuando Impuestos Internos informa que todos están obligados a facturar.
Además, la renta por alquiler de espacios comerciales es abismal en comparación a los ingresos mensuales de muchos locales. Suben cada tres o seis meses, a veces cada año y se duplican. Los propietarios quieren hacerse ricos con los alquileres sin importarles mantener a su clientes, prefieren cambiarlos con regularidad, quizá así ganen más o pierdan también oportunidad.
En Tarija, sin embargo, sucede algo “extraño”. Muchas familias viven con una demostración de bienes muy por encima de la mayoría, recursos económicos extraordinarios, viajes constantes al exterior, en un medio donde los indicadores económicos son adversos, inclusive en instituciones públicas y privadas antes privilegiadas por los ingresos que solían tener.
En consecuencia con esta realidad, la juventud mayoritaria está sumida en drogas, alcohol, delincuencia y en una vida fútil. Valores y principios de convivencia respetuosa dentro y fuera de los hogares están cada vez más deteriorados en un ambiente que con o sin dinero no cambia mucho.