Exmandatario negó entregarse a las autoridades: Javier Duarte rechaza entregarse a México e iniciará el proceso de extradición en Guatemala

La trama de desvío de dinero inició a finales de 2010, cuando Duarte llegó al Gobierno de Veracruz.

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El exgobernador comenzará en los tribunales guatemaltecos un trámite que puede durar entre cuatro meses y un año.

 

EL PAIS ESPAÑA

189 días de silencio llegaron a su fin este miércoles. Javier Duarte, el exgobernador de Veracruz, ha encarado a un tribunal por primera vez desde que se dio a la fuga en octubre pasado. El político expulsado por el Partido Revolucionario Institucional escuchó de la voz de los fiscales guatemaltecos los delitos por los que México lo reclama: delincuencia organizada y lavado de dinero. “Durante su mandato realizó un complejo esquema de desvío de recursos y pretendió otorgarle apariencia de licitud”, leyó José Antonio Galdamés, uno de los fiscales. El ministerio público citó la acusación formulada por la Fiscalía mexicana, que responsabiliza a Duarte de encabezar y girar instrucciones a una red de testaferros que “compró propiedades con recursos que provenían de las arcas de Veracruz”.
El exmandatario negó entregarse a las autoridades mexicanas en su primera audiencia, pero dejó la puerta abierta para hacerlo durante el trámite legal, que inicia hoy y puede extenderse de cuatro meses hasta un año. “No puedo allanarme hasta que llegue la solicitud formal de extradición y que sea evaluada por mi defensoría. Esto no quiere decir que no lo vaya a hacer”, dijo Duarte. El Gobierno de Enrique Peña Nieto tiene 60 días desde hoy para presentar su solicitud formal y reclamar al prófugo.
Duarte llegó al mediodía a las instalaciones del Quinto Tribunal de sentencia penal. Recorrió cuatro cuadras desde el Fuerte San Rafael de Matamoros en un vehículo blindado hasta la Torre de Tribunales. Fue hasta que se abrieron las puertas de la camioneta que el político se dio cuenta de la expectativa que su caso ha despertado en México. Un enjambre de periodistas lo rodeó inmediatamente y no lo dejó un solo segundo hasta que entró a la sala de audiencias. La nube de reporteros le gritaba preguntas que cualquier mexicano pudo haberle hecho a quien se ha convertido en emblema de la corrupción política:
-“¿Tienes remordimientos?”
-“¿Sabes lo que te espera?”
-“¿Qué tienes que decirle a los veracruzanos?”
El exgobernador se mantuvo en silencio ante las increpaciones. Caminó en el centro de la turba con el rostro serio, duro. El acusado, rodeado por policías guatemaltecos, iba vestido con una camisa a cuadros y con un chaleco de kevlar. Estaba esposado. Al sentarse frente a los tres jueces confirmó llamarse Javier Duarte de Ochoa, tener 43 años, ser exfuncionario público y ostentar un doctorado en Economía.
El proceso que siguió a este formalismo dibujó el camino que le espera a Duarte una vez que sea entregado a México. El acusado estaba sentado en una silla, encarando a los jueces del tribunal. A su izquierda dos abogados de oficio y su defensor privado, Pablo Campuzano. A su derecha, los fiscales. Galdamés leyó la minuciosa descripción que el Gobierno mexicano ha hecho de la red de lavado de dinero que Duarte construyó para desviar dinero público.

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