LA PAZ VIOLENTA DE CRISTO

Nayú Alé de Leyton

La paz es un valor fundamental del hombre, una paz que no lleve el impulso, el coraje y la fuerza, no es paz.
La paz violenta de Cristo es muy distinta de la paz que hoy pregonan tantos hombres políticos y religiosos; porque el mismo Cristo había dicho: “Mi paz es distinta no es como la del mundo”. Entonces, ¿Cómo es?
Es cierto que se trata de una paz distinta de la que imaginamos cuando decimos: “Déjame en paz, quiero vivir en paz”, incluso es distinta de cuando decimos: “Quiero vivir en paz con mi conciencia”.
Debemos meditar sus otras palabras: “El reino de los cielos padece violencia y solo los violentos se hacen con el “.
¿Cómo explicarnos que solo los violentos tienen derecho a la paz y al reino de los cielos?
La realidad es que Cristo viene a traer una paz que debe tener en cuenta la lucha contra toda injusticia y limitación del hombre. Es una paz que hay que hacer, que hay que conquistar antes que poder saborearla.
Es verdad que Cristo ha querido para si una violencia portadora de paz, no con armas (no permitió que Pedro lo defendiese con la espada) sino con la fuerza de la palabra y de la vida profética.
La paz que anuncia Cristo está en armonía con la justicia, una paz que va de la mano con los que andan comprometidos en la construcción de un mundo mas humano y mas libre.
Si la paz no se puede separar de la justicia entonces el capitalismo es provocar la guerra.
Si la paz no se puede realizar sin la libertad, entonces el totalitarismo es provocar la guerra.
Si la paz no se puede construir sin gritar la verdad entonces todo silencio provoca guerra.
Si la paz, no se puede construir sin denunciar la injusticia, entonces toda diplomacia de la iglesia provoca guerra.
Si Cristo vino por los enfermos y no por los sanos, nosotros marginamos a los pecadores y perdemos el tiempo acariciando a la oveja fiel que se ha quedado en el redil, cuando somos conscientes de que noventa y nueve están fuera. Cristo por el contrario estaba dispuesto a dejar las noventa y nueve fieles para ir a romperse los huesos en busca de la única oveja perdida.
La paz de Cristo cuesta, es la fatiga de cada día, la paz es sinónimo de felicidad.
Hoy nace una nueva conciencia con los que están envueltos en la historia de sus hermanos oprimidos, no basta con decir: “Duerno tranquilamente en paz, porque no he hecho mal a nadie”, esto no es cristiano, el hombre que conoce la ley de Dios, prefiere decir: “Yo no puedo dormir en paz, porque no he hecho nada para que los demás puedan vivir en paz” y esto no lo dicen los que tienen una fe tranquila.
Sin embargo es fácil buscar la paz en la indiferencia, aún cuando cerca de nosotros haya madres que matan a sus hijos, cegadas por la desesperación de la miseria o la tiranía, aún cuando tantas familias se deshacen ante la imposibilidad de comunicarse entre sí, aún cuando muchos sacerdotes abandonan el sacerdocio por la maldad de los hombres, por la incomprensión y por la soledad que los envuelve, aún cuando muchos jóvenes se suicidan porque les han quitado la esperanza de encontrar un sentido a la vida y mientras muchos otros, encuentran por el camino de la droga y del alcohol, el desahogo que no pudieron encontrar en quien los ame de verdad.
La paz de la conciencia es profundizar estas y otras realidades y moverse para buscar soluciones y para esto no nos queda más que admitir, que la paz cristiana tiene que ser violenta.