¿Qué nos dicen las elecciones judiciales?

Marcel Ávila Reese

Hay un firme descontento mayoritario de la gente hacia las personas postulantes en las elecciones y la expresión fue a través del voto nulo y blanco. Ayer han sido para elegir autoridades judiciales, pero anteriormente lo fue para aprobar o rechazar la reelección del primer mandatario, que resultó la segunda opción mayoritariamente.
La oposición ha realizado una ardua campaña mediática, a través de las redes sociales sobre todo, a favor del voto nulo en todo el país y tuvo el efecto que se pretendía, si nos basamos en los recientes resultados de los comicios de ayer tres de diciembre.
Pero también el descontento es con el propio proceso electoral, más allá de lo bien, regular o mal que haya sido la logística, en este mecanismo que conlleva la legitimidad democrática porque se trata ya no de convencer al electorado sino de demostrarle legalidad y respeto a la decisión de la mayoría del pueblo.
Más del 70% de votos nulos y blancos es una cifra contundente, el margen de incremento de los votos válidos (27,50%) no podría superar la ventaja que tienen aquellos. Sin embargo, los votos nulos no se toman en cuenta, son despreciables a efectos del conteo para determinar a las personas elegidas entre las opciones presentadas.
Aunque la oposición ya planteó que pedirá la anulación de las elecciones habrá que ver si la Ley puede ser interpretada de una manera que permita siquiera considerar esta opción.
Mientras tanto, el sentir de la mayoría en Tarija y el resto del país no condicen con la presunción gubernamental a nivel nacional.
Habrá que esperar una casi “milagrosa” potestad de las nuevas autoridades judiciales en todo el país que demuestren, pese a su desventajada votación, que puedan revalorizar la justicia en Bolivia con sus actos y no solo con palabras encantadoras, como hasta ahora se han manejado en cuestiones claves para nuestro país, quienes han tenido anteriormente la responsabilidad de hacer justicia.