Transporte a palos

Marcel Ávila Reese

Los excesivos cobros que hacen los taxistas ponen en vilo a las personas, que necesitan este tipo de trasporte; sobre todo en este tiempo de paro indefinido de los micreros.
Las distancias en Tarija no son tan significativas y sin embargo los precios de los pasajes, que a pura “gana” imponen los taxistas a los usuarios no tienen ninguna regulación.
El transporte continúa en paro indefinido, los taxi trufis no pueden cubrir la gran demanda de pasajeros que hay cada día, sobre todo desde sitios alejados del centro de la ciudad, pero están ganando quizá hasta el doble por día en comparación a cuando los micros estaban en las calles.
Es urgente tener un sistema de transporte masivo y muy masivo, controlado, eficiente, no contaminador, de buena calidad, que pueda cubrir casi la totalidad de la demanda diaria de pasajeros a un costo óptimo.
Se ha dicho que es posible, al menos hay la intención y avances, implantar el transporte municipal. No se habló de cuánto tiempo llevará aplicarlo, de hacerse factible, ni de cuáles serán las condiciones de su servicio, tipo de transporte, seguridad, confianza, etc.
Pero sin ánimo de tirar por tierra el servicio actual de micros, este está prácticamente deteriorado y no tiene condición para ofrecer a la gente ni la comodidad, ni la limpieza, ni la eficiencia, ni la satisfacción a los usuarios.
Todo pasa por un prisma cultural, no se pueden hacer transformaciones oportunas ni lograr resultados deseados cuando no hay una cultura de servicio buena. Para dar un solo ejemplo, raro es el chofer de micro que trate bien a los pasajeros o considere que deben estar primero sentados, cuando hay cabida aún, antes de continuar avanzando.
No respetan las señalizaciones de paradas, solo en unas cuantas cuadras alrededor de la plaza principal y por algunas horas, cuando personal de Tránsito está controlando; tampoco esperan a que el pasajero suba adecuadamente al micro, cuando alguien sube y está aún con el otro pie al aire parten abruptamente dejando al pasajero desprotegido y en riesgo de sufrir una caída y accidentarse.
¿De qué sirve la huelga de hambre de las esposas de los micreros, el paro de los choferes de micros, porque no les permiten subir el precio del pasaje; las marchas y las declaraciones incendiarias en contra de otros sectores, si no hay educación, deseo de mejorar su trabajo, pero hacerlo evidente y no solo de palabra?
No hay responsabilidad menos habrá comprensión con la gente si basta ver cómo tratan a sus pasajeros, y esto no es cuestión de lo que hace o dice el alcalde o de lo que reclaman las juntas vecinales, o de buscar que la gente se solidarice con unos y otros, ¡por Dios! dejémonos de aspavientos vanos y hacer creer a los usuarios que se trata de política o de economía. Es nada más y nada menos que un problema de mentalidad, cultura del buen servicio y honestidad.